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La eimeriosis o coccidiosis representa uno de los principales retos en la cría de ganado vacuno, ovino y caprino. Está causada por protistas intracelulares pertenecientes al género Eimeria (Apicomplexa, Alveolata).

Este incluye numerosas especies de localización intestinal cuyo ciclo biológico es monoxeno y son específicas de hospedador. Es decir, no son transmisibles entre diferentes especies de rumiantes domésticos puesto que las vacas, ovejas y cabras tienen sus propias especies de Eimeria que los infectan.

La coccidiosis puede tener gran importancia económica al estar asociadas a cuadros de diarrea en los rumiantes jóvenes, causando tanto procesos clínicos como subclínicos y predisponer a otras enfermedades (como el síndrome respiratorio ovino o las clostridiosis).

Su control incluye la utilización de fármacos y la implementación de medidas higiénicosanitarias adecuadas en la explotación.

Las especies válidas de Eimeria de los rumiantes domésticos responsables de la coccidiosis se muestran en la Tabla 1, clasificadas según su importancia patogénica. Las más patógenas en los rumiantes domésticos son:

Eimeria bovis y Eimeria zuernii en el ganado vacuno.

Eimeria ovinoidalis, Eimeria ahsata, Eimeria bakuensis y Eimeria crandallis en las ovejas.

Eimeria ninakohlyakimovae y Eimeria caprina en las cabras.

PREVALENCIA MUNDIAL DE LA COCCIDIOSIS EN RUMIANTES

La tasa de prevalencia mundial de la coccidiosis en los rumiantes domésticos es muy elevada. Podemos decir que se trata de una infección ubicua, presente en todos los sistemas de explotación
donde se crían las especies de rumiantes domésticos. Además, en la mayoría de los casos suelen ser infecciones mixtas y estar implicadas varias especies de Eimeria.

En la Tabla 2 se indican las tasas de prevalencia reportadas en bovino, ovino y caprino de las especies más patógenas en España y otros países europeos.

BOVINO

La prevalencia en animales jóvenes es generalmente elevada (Fox, 1985; Cornelissen et al., 1995), aunque puede variar entre áreas geográficas, granjas y estaciones del año (Daugschies y Najdrowski, 2005).

Por ejemplo, la prevalencia de Eimeria en diferentes explotaciones para producción de carne en el norte de Alemania varió entre 2 y 48% (Wacker et al., 1999), mientras que en terneros de explotaciones de Países Bajos la prevalencia fue 10-100% (Cornelissen et al., 1995).

En animales adultos la prevalencia suele ser más baja, aunque se han encontrado valores similares en terneros jóvenes (46%) y animales de un año de edad (43%) con una elevada detección de la especie patógena E. bovis (Cornelissen et al. 1995).

La prevalencia de las especies patógenas (E. bovis y E. zuernii) suele ser alta.

En España, un estudio llevado a cabo en ganado bovino en extensivo describió prevalencias de rebaño del 81% y prevalencias individuales en animales jóvenes del 62%, con una elevada presencia de la especie patógena E. bovis (32%), aunque también E. zuernii (14%) (Díaz et al., 2010).

La prevalencia de especies menos patógenas es también alta, habiéndose detectado una prevalencia de 15-32% de E. ellipsoidalis, 27% de E. wyomingensis, 19,6% de E. auburnensis y 12,1% de E. canadensis (Cornelissen et al. 1995; Farkas et al., 2007; Tomczuk et al., 2015; Díaz et al., 2010).

OVINO

La excreción de ooquistes en animales jóvenes es muy frecuente.

En animales adultos el porcentaje que eliminan ooquistes y la cantidad que eliminan suele ser más baja. En un estudio realizado en Austria (Platzer et al., 2005), la prevalencia en el periodo del periparto varió entre 38 y 73% en animales de un año de edad y de 20-60% en animales mayores de un año.

Esta elevada eliminación de ooquistes por parte de los animales adultos en el periodo del periparto supone un incremento del riesgo de infección para los animales jóvenes.

En España se han descrito prevalencias elevadas en animales adultos, con 100% de los animales (o de las explotaciones) infectados, aunque sin signos clínicos asociados a la infección y elevada presencia de especies patógenas, con el 97% y 75-89% de los animales infectados con E. ovinoidalis y E. crandallis, respectivamente (Díaz et al., 2010; Carrau et al., 2018).

A pesar de que las especies patógenas (E. ovinoidalis y E. crandallis) fueron más frecuentes, también se han identificado especies menos patógenas, detectándose prevalencias de hasta 75% de E. hsata y E. bakuensis, 60% de E. faurei, 18-74% de E. granulosa y E. marsica, 14-97% de E. parva y 10-29% de E. pallida (Platzer et al., 2005; Reeg et al., 2005; Dittmar et al., 2010; Saratsis et al., 2011; Díaz et al., 2010; Carrau et al., 2018).

CAPRINO

En España y Portugal también se han encontrado prevalencias muy altas (96-98%) de Eimeria en ganado caprino (Ruiz et al., 2006; da Silva et al., 2014).

En un estudio llevado a cabo en 6 granjas en España, el 96% de las muestras recogidas contenían ooquistes de Eimeria, diagnosticándose coccidiosis clínica en 19% de los animales jóvenes (menores de 6 meses) y siendo E. ninakohlyakimovae, E. arloingi y E. alijevi las especies más frecuentes (Ruiz et al., 2006).

Un estudio llevado a cabo en 15 rebaños de Portugal detectó eliminación de ooquistes en el 98,6% de los animales (144 animales mayores de 5 meses de edad), aunque no se observaron signos clínicos asociados a la infección, siendo de nuevo E. ninakohlyakimovae (88%) y E. arloingi (85%) las especies más frecuentes (da Silva et al., 2014).

IMPORTANCIA ECONÓMICA DE LAS COCCIDIOSIS EN RUMIANTES

Se estima que el impacto económico de la coccidiosis en los rumiantes domésticos es muy elevado, aunque existen muy pocos estudios específicos de sus efectos a largo plazo.

Fitzgerald (1980) calculó pérdidas anuales causadas por la coccidiosis en los rumiantes domésticos de hasta 723 millones de dólares en todo el mundo.

En el caso de los pequeños rumiantes, las pérdidas mundiales podrían ascender hasta 140 millones de dólares.

Las pérdidas directas se producirían por mortalidad y los costes del tratamiento específico y sintomático de los animales con diarrea. Además, se sumarían las pérdidas indirectas por el incremento de la morbilidad, como la mayor susceptibilidad de los animales afectados a otras infecciones (p.e. síndrome respiratorio ovino) y la disminución de la productividad.

En el impacto a largo plazo de la coccidiosis se han propuesto la reducción del índice de conversión del alimento, de la ganancia de peso corporal y potencial de fertilidad a lo largo de la vida en los animales afectados como efectos más importantes.

La coccidiosis subclínica causaría mayores pérdidas productivas que la coccidiosis clínica porque los animales afectados son más numerosos y los efectos a largo plazo causados por las lesiones intestinales son también importantes.

Lassen y Østergaard (2012) estimaron mediante modelos de simulación los efectos económicos de la coccidiosis en rebaños bovinos lecheros de Estonia que podrían servir de referencia.

El efecto con mayor impacto económico fue el retraso en la edad de inicio de la inseminación de las novillas, seguido por la mortalidad de los terneros y la reducción de su tasa de crecimiento. El gasto en alimentación de las novillas de reemplazo fue el mayor coste económico, como resultado del retraso en alcanzar el peso corporal adecuado al parto.

La administración de tratamientos metafilácticos o profilácticos supondría una reducción de las pérdidas de 6-7%.

Se llegó a la conclusión que la coccidiosis podría tener un impacto duradero en la gestión de la explotación y que los tratamientos farmacológicos sólo proporcionan un pequeño beneficio económico si se aplican como única medida de control y no en combinación con otras medidas que reduzcan la presión de infección.

No existen estudios sobre el impacto económico de la coccidiosis de los rumiantes domésticos en España.

ASPECTOS EPIDEMIOLÓGICOS DE LA COCCIDIOSIS EN RUMIANTES

La coccidiosis debe considerarse siempre como una enfermedad del rebaño y no como un problema en animales individuales (Bangoura y Bradsley, 2020; Daugschies y Najdrowski, 2005; Keeton y Navarre, 2018).

En la epidemiología de la coccidiosis interviene factores dependientes del hospedador y parásito, pero también del ambiente y sistema de manejo. Una vez que las especies de Eimeria están presentes en una explotación, se propagan rápidamente.

Los animales desarrollan inmunidad parcial a la infección con la edad, por lo que los animales adultos sólo excretan un pequeño número de ooquistes después de la reinfección. Los animales más jóvenes no son inmunes hasta su primera infección, lo que provoca una considerable multiplicación del parásito y la excreción de un gran número de ooquistes, contaminando el entorno de los siguientes animales no inmunes.

Durante la primoinfección, los rumiantes pueden excretar más de un millón de ooquistes por gramo de heces.

Se supone que los animales adultos desempeñan un papel menor en la epidemiología de la enfermedad y el mayor problema en las explotaciones es la transmisión dentro de la población de animales jóvenes. Sin embargo, los terneros, corderos y cabritos lactantes pueden primoinfectarse de sus madres al lamer las ubres, lana o el pelaje.

La transmisión es más eficaz en las explotaciones con una alta densidad de población y una gran concentración de animales jóvenes. Se produce por vía fecal-oral dentro del rebaño y también puede introducirse en un rebaño susceptible a través de botas, herramientas, neumáticos o piensos contaminados.

La mayoría de los casos clínicos de coccidiosis se observan en animales de hasta 12 meses de edad.

Aunque todos los tipos de explotaciones pueden verse afectadas por coccidiosis, los cebaderos y explotaciones de producción intensiva corren el mayor riesgo debido a que se facilita la transmisión.

Los ooquistes de Eimeria tienen un alto potencial de supervivencia en el ambiente. Pueden permanecer viables e infectantes durante al menos 1 año y soportar efectos ambientales adversos debido a su gruesa pared.

Pocos factores de estrés químico y físico son capaces de inactivar los ooquistes de Eimeria. Son resistentes a la congelación, cambios extremos de pH y a la baja disponibilidad de oxígeno.

Sin embargo, la exposición directa a la luz ultravioleta durante varias horas es letal para los ooquistes.

Una buena higiene ambiental y la exposición de las instalaciones a la luz solar directa pueden ser de gran beneficio para minimizar problemas de coccidiosis.

Las áreas cubiertas que están húmedas y contaminadas por las heces ofrecen condiciones óptimas para la transmisión.

Las altas temperaturas (alrededor de 39°C) durante periodos de tiempo prolongados son capaces de evitar la esporulación de los ooquistes, pero sólo si se aplican de forma ininterrumpida. En cuanto a las condiciones naturales en las que los ooquistes están dentro de las heces y en regiones frías, deja a muchos ooquistes todavía viables como para infectar a otro hospedador.

Adaptación artículo Eimeriosis (Coccidiosis) en los rumiantes domésticos

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