Ganaderia
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Mejoramiento en pastoreo o mejoramiento ambiental?

Dentro de los pastoreos convencionales, existen cuatro tipos de sistemas entre los que están el continuo, rotacional, alterno y el mecánico.

Para este caso nos enfocaremos en el pastoreo rotacional como sistema de mejoramiento de los procesos de alimentación del ganado, mediante una series de pasos, iniciando por el aprovechamiento máximo de cada hectárea de pastos en los cuales se alimenta el ganado, seguido de un estudio de análisis de pastos que deben hacer ser parte de un control de calidad, garantizando el tipo y tamaño del pasto que servirá de alimento, generando como resultado un ganado mejor alimentado, con mejor peso y calidad en su carne o en su producción lechera.

El pastoreo rotativo es un sistema que implica el uso de por lo menos dos potreros y que permite «rotar» el ganado entre ellos, lo que resulta en un periodo de pastoreo seguido de uno de descanso. El número de potreros en el sistema rotacional puede variar desde 2 hasta 60 procurando llegar al mayor periodo necesario de descanso sujeto a dos variables, donde una será el mejor momento de consumo nutricionalmente y, dos como mecanismo de acción para reserva alimentaria que le permita sobrepasar los estadios de verano.. Uno de los beneficios a simple vista más interesantes que se obtienen de la rotación, será la mansedumbre de los animales, pero en este caso no hablamos de la bondades técnicas y físicas del sistemas, por lo contrario trataremos de hacer una alusión a los beneficios químicos observados en el beneficio ambiental

El dióxido de C es incorporado en los sistemas terrestres principalmente por la fotosíntesis de las plantas. En este sentido, aumentos en la captura de gases invernadero por las pasturas pueden tener un impacto de gran importancia en la disminución del a concentración de CO2 en la atmósfera. Pero esto se da por medio de pasturas sanas, de gran porte y buen desarrollo radicular que como bien sabemos estas se desarrollan en los sistemas de pastoreo rotacional.

La mayoría de especies introducidas en las pasturas de los trópicos solo han sido sometidas a selección natural. Estas especies son nativas y el mejoramiento solo ha estado orientado a mejorar su adaptación a factores abióticos (climáticos y edáficos) y bióticos (pestes y enfermedades) y su tolerancia a moderadas presiones de pastoreo. Para lograr estas características, las especies adecuadas para las pasturas requieren desarrollar sistemas radicales profundos; lo cual puede contribuir fuertemente en la productividad primaria neta de las especies por medio del desarrollo de leguminosas y por tanto en la capacidad de inmovilización de carbono.

En nuestro caso, “Veldkamp (1993) encontró relaciones de tallo: raíz entre 6,3 y 12,6 para Brachiaria”. Esos resultados son solamente validos para sistemas de pasturas con un pastoreo rotacional. La relación entre el tallo y la raíz está directamente relacionada en su desarrollo, lo que implica que el desarrollo en la pastura será similar en el suelo a nivel radicular. Es entonces cuando por medio del sistema rotacional intensivo los animales entran al potrero poco tiempo generando mínimo impacto con el pisoteo, permitiendo el desarrollo de las raíces para soltar y drenan los suelo, que posteriormente al ser consumido el pasto por los animales genera el desprendimiento de raíces para la generación de nuevas pasturas creando así, una trampa de carbono en el suelo que al final con el agua hará un efecto esponja aumentando el nivel freático de los suelos. Pero solo al final, si el hombre continua de una manera cuidadosa protegiendo los suelos con el uso mínimo de químicos y evita la labranza rutinaria que activa la liberación del carbono del suelo, habrá mitigado cualquier gas liberado por los animales e incluso otros que se encuentren en el ambiente por otros causales.

 

 

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