Ganaderia
Cómo se suplementa las vacas secas?

La suplementación en la vaca seca depende de dos aspectos nutricionales. El primero referido al estado corporal de la vaca (suplementación con granos) y el segundo a la suplementación con sales aniónicas (Luca, 2006) o apropiadas para encarar esta etapa fisiológica. Se ha demostrado que las dietas con alta energía en el periodo preparto, incrementaban su consumo de materia seca en el periodo post parto en relación a las vacas que reciben baja energía en el preparto (Moya y Coppock 1997). Diversos estudios han demostrado que la suplementación en el preparto, causa mayores producciones de leche. Alto plano nutricional en el último tercio de la gestación permite asegurar el máximo de la producción de leche en vacas primíparas (Fandiño, et al., 2003). El balance entre cationes debe tender a la neutralidad o carga «0». En el caso de las vacas próximas al parto, es recomendable que el mismo sea negativo (más aniones que cationes) ya que esto favorece la movilización y absorción del calcio, uno de los problemas más frecuentes de la vaca en transición. Algunos forrajes como la alfalfa tienen alta concentración de potasio (catión, de carga positiva), por lo que su inclusión en la dieta lleva la carga iónica hacia el lado positivo, interfiriendo con el normal metabolismo y absorción del calcio alrededor del parto (Vega, 2009). Es importante considerar entonces que estos minerales estén en la medida exacta ni en exceso ni en déficit en las dietas, para que los efectos buscados al balancear las raciones en aniones y cationes sean óptimos. Un balance con exceso ´potasio de cationes (fuertemente positiva) producirá alcalosis, mientras que un balance con exceso de aniones (cercana a cero o negativa) producirá acidosis (Luca., 2006) lo indicado son suplementos minerales con el mínimo de calcio y fosforo y que conserven unos buenos niveles de microminerales, estas son conocidas como sales mineralizadas para ganado próximo al parto. Si las vacas no adquieren una buena condición corporal al parto se debe corregir el BEN con una fuente energética concentrada y que mejor que con una grasa sobrepasante. Igualmente se debe suministrar grasa sobrepasante a partir del parto para evitar pérdidas exageradas de condición corporal y sus respectivas consecuencias indeseables reproductivas y productivas. Esta estrategia mantiene su condición a lo largo del periodo seco y las adapta fisiológicamente a la dieta de mayor densidad energética postparto lo que le permitirá manifestar su potencial genético. Es importante de acuerdo a lo anterior, dividir en dos estapas la suplementación durante el periodo seco de la vaca, demominados lejano y próximo.

Vacas Secas «Lejanas».

El contenido recomendado en nutrientes en base a la materia seca es de 12% proteína bruta, 1.3 Mcal ENL/kg, 27% fibra detergente ácido, 35% fibra detergente neutro, 0.37% calcio, 0.26% fósforo, y 3960 UI de vitamina A, 1190 UI de vitamina D, and 15 UI de vitamina E por kg. Es conveniente seguir las recomendaciones siguientes: Suministrar un mínimo de un 1% del peso vivo como forraje de partícula larga. De preferencia debe ser heno de gramíneas debido a que el exceso de calcio y poco fósforo de las leguminosas puede aumentar la incidencia de hipocalcemia. El suministro de suficiente fibra minimiza los problemas digestivos luego del parto. Evitar el suministro de ensilaje de maíz a libre consumo porque lleva a un consumo de energía excesivo y aumenta la posibilidad de desplazamiento de abomaso y síndrome de hígado graso.
Limitar el consumo de grano a las cantidades requeridas para cubrir los requerimientos de energía y proteína. Mantener el consumo de calcio debajo de los 100 g por día, al tiempo que se suministran cantidades adecuadas de fósforo (35 a 40 g/ día). El objetivo es siempre mantener o ganar condición sin que se engorden. Bajo ningún concepto se las debe hacer perder peso ya que se las expone a un mayor riesgo de distocia y descarte durante la lactancia siguiente.

Vacas Secas «Próximas»

El periodo de transición comprende las 3 últimas semanas preparto (vacas próximas) y las 3 primeras semanas posparto (Grummer, 1995). La mayoría de las afecciones metabólicas de la vaca lechera se producen dentro de las dos primeras semanas de la lactancia e incluso muchos procesos infecciosos (mastitis, paratuberculosis, salmonelosis, etc.) comienzan a manifestarse clínicamente durante este periodo (Goff y Horst 1997). Problemas de salud durante la transición tienen un impacto negativo sobre la rentabilidad de la explotación debido al incremento de los gastos veterinarios, disminución de la producción y del rendimiento reproductivo, además de descartes prematuros y muertes. A pesar del alto número de ensayos de nutrición y fisiología realizados durante los últimos años, estos problemas siguen manifestándose e incluso han aumentado, asociados probablemente con el aumento en la producción de leche por vaca.

Durante las 3 últimas semanas de gestación aumentan las necesidades energéticas debido al desarrollo fetal y síntesis del calostro. La glándula mamaria a los 4 días postparto tiene una mayor demanda de glucosa (tres veces más), aminoácidos (dos veces más), ácidos grasos (cinco veces más) que el útero grávido a los 250 días de gestación (Bell, 1995). Paralelamente el consumo de MS (CMS) disminuye cerca de un 30% durante las 3 últimas semanas de gestación lo cual ha sido atribuido a la elevada concentración de estrógenos durante el periparto (Grummer, 1993). Este desfasaje entre consumo y demanda de nutrientes genera un balance energético negativo (BEN) hacia fines de la gestación que se prolonga hasta varias semanas después del parto. Vacas secas de CC excesiva son más susceptibles a desarrollar ovarios quísticos y otros problemas reproductivos, problemas podales después del parto y a tener retenciones de placenta, desplazamientos de abomaso, y cetosis.

Suplementación en el periodo de transición.

Los cambios en el consumo de materia seca así como en el estado hormonal y metabólico de los animales se presentan de manera dramática durante esta fase. Se ha señalado que durante esta fase con la finalidad de reducir la incidencia de los desórdenes posparto se deben controlar, al menos, tres funciones básicas: a) adaptación de las bacterias del rumen a una dieta más alta en energía como la que se utilizará al principio de la lactancia; b) mantenimiento de niveles normales de calcio sanguíneo y; c); mantenimiento de un sistema inmune fuerte (Jairo, 2001). El tránsito de un estado de preñez sin producir leche a otro de no preñez o vacía y produciendo grandes cantidades de leche exigen al animal una alta capacidad de adaptación a las nuevas condiciones metabólicas y fisiológicas. Por ello en esta transición, se hace necesario acompañar al animal mediante adecuadas pautas de manejo, de lo contrario, la posibilidad de aparición de disfunciones de toda índole se incrementa. La mayoría de disfunciones metabólicas (cetosis, hígado graso, edema de ubre), nutricionales (hipocalcemia), alimenticias (acidosis ruminal, laminitis, desplazamiento de abomaso), sanitarias (mastitis, metritis, abscesos hepáticos), y productivas (baja producción de leche). El balance energético negativo que está acompañado de un bajo consumo de materia seca y que se presentan durante esta fase, son herencia de las condiciones que caracterizan al periodo seco preparto. El rápido incremento en la producción de leche se ve acompañado por la movilización de tejido adiposo y un lento incremento en el consumo de materia seca. En las vacas de alta producción, tanto la energía como la proteína, pueden ser limitantes, requiriendo de la movilización de grasa y proteína corporal. Sin embargo, debido a que las vacas tienen mayor capacidad de almacenar y movilizar grasa, la movilización de esta se puede prolongar por un periodo de tiempo más largo que el de la proteína; mientras que la proteína se puede movilizar hasta por cinco semanas, la grasa puede continuar movilizándose más allá de las diez semanas posparto (Jairo, 2001)

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